comoenamor369 - 23, Male, World
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I love man
Además de buscar ocupación en la que desplegar sus talentos, o para simplemente ganarse la vida —lo cual era menos prosaico y poético—, los hombres tenían ante sí una suerte de maldición de Adán: buscar mujer rescatable y desposarla. Con lo de «rescatable» me refiero a que anduviese lastimosa cual acelga por la vida anhelando e) beso de amor verdadero que la despertase de su letargo y le diese una razón —que no una nueva, ya que nueva no podía serlo, puesto que ni tan siquiera tenía una vieja—, o un propósito vital que la animase a abrir cada mañana los ojos y a saltar de la cama de la desidia existencia!.

Las damiselas ciertamente anhelaban la Uegada de «su» príncipe azul entreteniendo la espera ocupadas ora en hacerse los ajuares, ora cotilleando acerca de los líos amorosos del matador de caracoles que estuviese de moda. O sea, todo un aburrimiento. Parecían «marípijas» sin nada mejor que hacer que pijear por acá y por allá. ¿Eran todas las damiselas igual de mentas?



Algunas eran muy listas y estaban hasta las mismísimas —al igual que lo estaba el Príncipe Azul— de que les hubiesen adjudicado semejante destino que no era sino un desatino. Obviamente, las díscolas eran mujeres reinas, las cuales se habían ganado a golpe de corona el rango de madurez y llevaban las riendas de su vida. Con todo, lo que más abundaba no eran las reinas, sino las damiselas con severa flojera dia-demeril.Si se me permite, volvamos pues ai Príncipe Azul. Me gustaría resumirte su historia, dado que me gustaría que aprehendieses tanto a él como a su hada madrina que, por supuesto, soy yo.

Príncipe Azul era hijo de una pareja bien avenida en los principios de su matrimonio, época en la que él aún era un infante. Por supuesto, con el devenir de los tiempos, hubo sus más y sus menos, si bien «más que menos», tú ya me entiendes... Toda historia de amor acaba por tambalearse, ya que nadie permanece exactamente igual que al inicio. Me explico: los integrantes de la pareja, cuando se conocen, poseen una esencia y unos valores. En ese inicio, ambos son «diamantes en bruto por pulir», si se me permite este símil. Va pasando el tiempo, y las experiencias vitales actúan como «papel de pulir». Consecuentemente, cada uno va dando a esa esencia y esos valores su peculiar brillo, de manera que sale a relucir a la superficie la calidad de la que uno está hecho. Ergo, et resultado es único en cada persona.

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